Ataduras y atavismos

Sentirse y ser libre consigo mismo para poder amar sin ataduras hará que cualquier relación de pareja funcione.

Desde el momento que hay un enlace entre una pareja existe un compromiso de sacar adelante esa relación basado en el amor y respeto. Significa estar juntos y entregarse en cuerpo y alma, pero sin perder la libertad como ser humano.

Si esto le sucediera a uno de los dos se va a sentir atado y el término pareja dejaría de existir, ya que el amor es libre y la construcción de una vida en común se basa fundamentalmente en ese concepto.

Así opina la psicóloga clínica Liliam Cubillos, quien afirma que actualmente al menos el 80% de las parejas se siente atada y apenas el 20% libre para amar con responsabilidad, siendo buen ejemplo de que sí es posible tener uniones estables y verdaderas.

Pero ¿qué sucede para que existan ataduras entre las parejas? Desgraciadamente, dice, se origina en los procesos que todo ser humano tiene de crianza, filtros mentales y marcos conceptuales, que hacen que a la hora de elegir a su compañero o compañera se caiga en convencionalismos sociales, como estatus, apellido, dinero e incluso adicción sexual.

Muchas veces la gente se une o se casa convencida de que ama a su pareja, pero cuando esa relación se ejecuta a través de la convivencia y el compartir descubre que el amor está basado en ataduras y no en libertad. “Libertad es sentirse identificado con un ser humano en función de que nos complementamos o proyectamos placer desde el punto más sublime hasta el físico. En donde se puede ser uno mismo sin perder la esencia y el alma”, dice Cubillos.

Atavismos o adicción

Los convencionalismos sociales son los que en algunas parejas hacen sostener, durante toda la vida, relaciones enfermizas que se van intensificando y consolidando con el tiempo. Estas llegan incluso a convencerse de que están viviendo una felicidad que no es real.

Generalmente estas pasan a otro plano llamado atavismo o adicción. Ellas tienden a imitar o mantener formas de vida o costumbres de otros, justamente por la falta de libertad consigo mismas. No soportan la idea de estar solos o solas y prefieren continuar con alguien que tal vez no aman, dejaron de amar o no llena sus expectativas.

Incluso por comodidad están atados a alguien porque les resulta productivo. De ahí que se entra a hechos de infidelidad, violencia doméstica, agresiones psicológicas, bajos niveles de autoestima o exigencias de servilismo.

De esta manera empiezan los patrones de conducta displicente en la pareja, es decir, la estructura atávica predomina sobre la cultura de la esencia del alma. Es perder el norte, el respeto, el límite, la consideración, el deseo íntimo y la comunicación verbal y sexual.

Las personas atávicas no son leales al amor hacia su pareja. Por eso es común caer en frustraciones y desvalorización. “Lamentablemente, en este proceso de atadura se corre el riesgo de que los hijos reproduzcan esos patrones de comportamiento cuando mantengan una relación sentimental. Todo por los miedos que existen de confiar en nosotros mismos y que impiden creer que somos capaces de salir adelante”, agrega Cubillos.

Evitar consecuencias
Para evitar las consecuencias de las ataduras y atavismo es necesario que las parejas busquen tratamiento de reflexión terapéutica sostenida y espiritual, siempre y cuando haya amor e interés, solo así es rescatable, según Cubillos.

La terapia de pareja y las orientaciones familiares contribuyen mucho a salir adelante. La orientadora familiar María Helena Manrique de Lecaro dice que estas ayudan a darse cuenta de qué procesos en la comunicación de pareja tiene arraigados y están obstaculizando su relación.

Según la psicóloga clínica Sonnia Navas Gafter, la terapia familiar sistémica brinda una oportunidad de ver a la pareja a la luz de un sistema familiar. Es decir, donde se revisan transgeneracionalmente las actitudes de nuestros antecesores y cómo influyen en el presente. Hoy se está viviendo una gran crisis en función del compromiso, los jóvenes y adultos no resisten la posibilidad de comprometerse con un fin común, que es el bienestar de la pareja. Lo recomendable es que se contraiga matrimonio cuando la fase de enamoramiento se ha terminado, es decir, cuando se ve a la otra parte de manera objetiva y realista; y en donde hay un proyecto de vida en común y en donde los valores y principios son similares. Pero en la práctica las uniones se dan cuando se presenta el enamoramiento.

Manrique agrega que la terapia de pareja también ayuda para revisar la forma de expresión de la afectividad y la conformidad de ambos con respecto a ella. Este espacio de diálogo con un mediador, que es el terapeuta, ayuda a llegar a nuevos acuerdos que pueden intentarse para el efecto de la recuperación de la pareja.

El desamor destruye

El vivir sin amarse destruye el psiquismo de los hijos y el concepto de lo que es una pareja sana. Cubillos cuenta que a su consulta van chicos que dicen: “¡Yo no quiere repetir como se comportan mis padres!”, pero hacen exactamente lo mismo. “Es que racionalmente sabemos que no queremos, pero inconscientemente nuestra patología hace que caigamos en lo mismo”, indica la psicóloga, quien sugiere que el amor es asunto de vivirlo, de demostrarlo.

Un error que cometen las parejas para decir que son exitosas y felices está relacionado con los bienes materiales que logran tener, pero no es así.

Navas Gafter sostiene que heredamos a los hijos la actitud a ver la vida y la unión como algo material, superficial y no como un proyecto de vida, y por esto es importante que las relaciones siempre se definan pensando justamente en los observadores. Si unos hijos viven en una familia donde sus padres ya no son pareja y se sostienen solo por las apariencias, ellos rechazarán la situación y no la querrán para ellos, pero interiorizan la actitud y de ella viene la tendencia a repetirlo.

No hay que caer en atavismos porque se corre el riesgo de vivir con ellos el resto de nuestras vidas, lo sano es aprender a tener libertad emocional para construir una vida de pareja estable y feliz, sobre todo, que sirva de modelo para las futuras generaciones.

Y si no se quiere continuar con una relación es mejor estar solo consigo mismo a estar en compañía de alguien sintiéndose solo. Si alguien quiere un cambio, este dependerá de dejar las ataduras y atavismos…