“La ruptura del sistema familiar siempre es dolorosa y conlleva duelo”, admite la Psicóloga Clínica Sonnia Navas, “pero no enfrentar la realidad de que el matrimonio ya no tiene las bases suficientes como para generar armonía y el crecimiento sano de los hijos, es nocivo para todos a corto y largo plazo”.

¿Cómo evitar llegar a eso? Es preciso, afirma Coronel, hacer un análisis minucioso, justo y conciliador, reconociendo, asumiendo y corrigiendo errores. Así se evitaría incluso generar el ambiente para el divorcio “y por qué no decirlo, mujeres y hombres ilusos, que van por la vida creyendo que su próxima pareja será un dechado de virtudes. No hay seres humanos perfectos, no pidamos perfección, porque nosotros tampoco la damos”.

Así pues, es necesario hablar de un proceso adecuado de duelo después del divorcio. ¿Cuánto dura? Eso está relacionado a la forma de ser de cada uno, indica Coronel, “pero sí podemos decir que esta experiencia termina por enseñar a los involucrados a ser diferentes, a valorar la vida, a ser tolerantes y a apreciar el amor en toda su dimensión”.

Sin embargo, sea cual sea su personalidad, no se imponga un duelo demasiado extenso. Para que esté en los márgenes de lo funcional, advierte Navas, no puede exceder a más de cuatro años.

Sanar paso a paso
El duelo es una respuesta de tipo emocional que se evidencia en tres etapas, cada una de ellas enfrenta a la persona con una realidad ineludible, resultado de las decisiones tomadas.

La etapa del porqué. “La podemos resumir como un tiempo de cuestionamiento”, detalla Coronel, “en que la persona se pregunta: ¿Por qué a mí? ¿Por qué dejó de amarme? ¿Qué haré sola?, sumado a una gran tristeza, miedo hacia un futuro incierto, sentimientos de abandono y de mucha ansiedad”.

La etapa de la culpa. “Se observa una autoestima muy baja, sentimientos de culpabilidad, piensa que no podrá encontrar otra persona igual o mejor a la que tenía, decide que no volverá a enamorarse”. Coronel dice que lo que ocurre, en realidad, es que la persona no se adapta a su nueva forma de vida. Siente incertidumbre y vienen a su mente solo los buenos recuerdos de la relación.

También está la tentación de pensar que la culpa es exclusivamente del otro. Aquí, Navas recalca que hay que aceptar que la relación de pareja es de dos, y que por tanto un divorcio también lo es. Que puede existir un miembro que haya puesto un porcentaje mayor para que la relación se acabe, pero los dos aportaron. “Erradicar la idea de que hay solo un culpable”.

La etapa de la aceptación. “Poco a poco”, dice Coronel, “va aceptando que no le queda más que enfrentar la realidad, que su pareja ha dejado de estar en su vida y siente que puede existir sin ella, que es hora de efectuar cambios. Llega a la conclusión de que también ella o él cometieron grandes errores”. Esta fase es esencial para evitar repetir lo que se hizo mal.