Cortesía mutua, principios en común y comunicación fluida son algunas de las señales que indican el futuro de una relación.

“Una señal es poder ponerse de acuerdo sin ningún tipo de presiones, la interacción es natural”, señala la psicóloga clínica Sonnia Navas Gafter, quien dice que en de no ser así, uno de los dos o ambos tienen que forzarse a aceptar lo que el otro quiere. “Al contrario, la compatibilidad es empatía, hábitos en común, principios, creencias que hacen la vida más llevadera”.

Hay quien, a pesar de eso, insiste en estar en la relación, y así puede mantenerse durante años. Pueden quererse, tener sentimientos genuinos, tener muchas similitudes, pero si no coinciden en cuestiones básicas, como el sistema de principios, la relación será siempre desgastante.

Compatibilidad o atracción

¿Cómo diferenciarlas? Primero, la atracción es natural y espontánea, explica Navas. Algunos hablan de ella como amor a primera vista, cuando en realidad están siguiendo patrones estéticos o conductuales. “Romances que se encienden por las hormonas”.

En una pareja de opuestos, cada uno ve en el otro aquello que le hace falta, y le parecen fortalezas. “Pero cuando llegan a la convivencia y pasa el tiempo, lo que antes admiraba, pasa a ser un defecto”.

Pero el tema de la compatibilidad va más adelante, o como dice Navas, es terreno más firme. “Hay quien cree que los polos opuestos se atraen. A mi modo de ver, esto sí pasa, pero en determinadas épocas de la vida”.

La psicoterapeuta asocia el florecimiento de las parejas de opuestos con etapas de gran rebeldía. El joven quiere desafiar las reglas de los padres. De ahí nacen esas conquistas entre individuos dispares.

“En la práctica, cuando se busca una pareja estable, sólida, que se mantiene en los momentos de adversidad, generalmente se trata de personas afines. ¿En qué? En los valores. Si, por ejemplo, mi máximo valor es la honradez y mi pareja es igual que yo, vamos bien”. En cambio, si el parámetro del uno es el éxito laboral, académico, económico, y el del otro es el tiempo en familia, son estructuralmente opuestos, y la relación sufrirá.

No espere que lo completen

“Hay una idea que escucho con frecuencia”, comparte Navas: “Busca a alguien que te complemente”. Ella está en desacuerdo. “Lo mejor que nos puede pasar antes de entrar en una relación estable es no esperar a que alguien nos complete. Uno debería estar satisfecho con quien es, y si algo no puede o le cuesta hacer, trabajar en ello, ponerse límites, exigirse”.

Si usted busca una persona para que le dé lo que no tiene: valentía, fuerza (o dinero), se convertirá en dependiente, y se verá limitado cuando el otro no esté, sin poder salir, emprender, decidir. “Debemos trabajar para ser individuos independientes y amarnos en independencia. Si no, nos convertiremos en una carga muy pesada para el otro, que se cansará en algún momento”.

Es momento de fijarse en…

La familia. Que haya respeto entre los miembros de la familia de la pareja, aunque se cometan errores. Que los espacios y roles de cada uno estén bien claros. “Va a ser mucho más sencillo para la persona nueva que llega a ese grupo”, señala Navas. “Pero si usted arma una pareja con alguien cuyo núcleo familiar tiene roles desordenados, prepárese, porque le va a llegar su turno”.

El respeto a los padres. Dice Navas: “Si su novio, cuando se enoja, irrespeta a los padres, tenga la seguridad de que usted va a estar un día en ese lugar”.

El dinero. “Parece superficial, pero observe cómo maneja el dinero”, recomienda Navas. ¿Cumple con su palabra? ¿Le importan más las apariencias o tener sus cuentas al día? ¿Sabe de esa maestría para la cual usted está ahorrando?

Las expectativas. ¿Qué esperan haber conseguido a los 30 o a los 40? ¿Coinciden? “Todo lo que no se habla antes del matrimonio”, indica Navas, “genera dolor de cabeza. Hablen de los hijos, no dejen temas sorpresa”.

La edad de ambos. “Datos del INEC dicen que los matrimonios que suceden cuando los contrayentes tienen 21, 22, 23 años tienen 0,5% de probabilidades de funcionar”, asegura Navas, quien trabajó con esta información durante su maestría en terapia familiar sistémica. “Cuando están terminando la década de los 20, las probabilidades mejoran. Hoy hablamos de los 30 a 35 años como la mejor etapa de la vida para adquirir un compromiso estable. Suena frío”, reconoce, “pero a esa edad ya se han enfrentado algunos desafíos: una carrera universitaria, experiencia en el mercado laboral, independencia económica, un jefe. La respuesta a la vida de pareja ya no es tan fantasiosa: no se espera que el otro dé todo lo que uno sueña”.

La comunicación. ¿Su pareja está dispuesta a hablar de las cosas que a usted le importan, o hay cosas de las que se niega a hablar aunque usted insista?

Los conflictos. ¿Cómo enfrenta su pareja la adversidad?

Referencia: La Revista